miércoles, 10 de agosto de 2016

Fazenda Agrícola Augalevada, Viticultura con los pies en la tierra

*Artículo realizado por Daniel Marín, publicado en la edición impresa del periódico La Región de Ourense día  06/08/2016.

Es un placer comenzar mi sección un mensaje en la botella, presentándoles un proyecto muy especial de esos qué empiezan con una linda historia de amor, Fazenda Agrícola Augalevada se ha ido proyectando desde que Liliana Fernández y Iago Garrido se conocieron cursando ingeniería agraria en la facultad de Ourense, poco a poco han ido formando una familia haciendo realidad sus ilusiones de ser hacedores de vinos.

Fazenda Agrícola Augalevada se encuentra ubicada en la localidad de Rioboó Cenlle. Siguiendo la discontinua carretera que deja atrás el histórico Monasterio de San Clodio, se distingue una verde ladera, de sentimiento muy armónico, que brota de la contemplación del paisaje de viñedos junto a vacas, ovejas, cabras y una pareja de simpáticos perros Mastines, por todo ello se puede intuir cuál es su manera de interpretar el vino.

En la cima se encuentra la bodega perfectamente integrada con el entorno.Entre  viñedos baja un pequeño río que divide la finca en dos partes que los lugareños más longevos mencionan como “Augalevada”, este es el nombre que eligieron para que los represente y sobre todo simboliza su vínculo con el lugar.

Regato Augalevada
El anhelo de Liliana y Iago empieza a tener forma cuando en el año 2009 plantan en su finca de 2,5 hectáreas las más diversas variedades autóctonas del Ribeiro. Cuatro años después construyeron la bodega, elaborando la primeros añada de vino blanco.

Fazenda Agrícola Augalevada, es un proyecto de raíces muy profundas donde los tiempos los marca la naturaleza. La filosofía de trabajo de Iago es agricultura ecológica, no es nada extraño, es una vuelta atrás como lo hacían nuestros abuelos, con un viñedo equilibrado, con todos los microorganismos que forman parte de un suelo vivo.

Iago, pone el acento en la palabra “comienzo”. Su búsqueda es hacer vinos con alma, donde el clima se pueda sentir. En la bodega está todo condicionado para trabajar por gravedad, las uvas fermentan de manera natural en ánforas de 500 litros, cada punto del viñedo se trabaja de manera especial. Está continuamente haciendo pruebas, elaborando de diferentes maneras, para comprobar las múltiples expresiones de su finca, tanto es así que tiene enterrada en el medio de la finca al aire libre una ánfora de 500 litros en la que elaboró un vino blanco fermentado con las pieles de las uvas y luego macerado durante 10 meses, un pequeño atrevimiento que hace suspirar de emoción a todo profesional que visita su bodega.

Siempre se habla y se escribe de la historia, cuando pasan los años y quizás ya nadie recuerda sí fue real. En mi caso trato de ser moderado y no me gusta hacer predicciones  con el vino donde la naturaleza es la que manda. Pero les puedo asegurar que el proyecto Fazenda Agrícola Augalevada, es de esos nacidos para reconducir la historia.

sábado, 7 de mayo de 2016

Preguntitas a dios

Sí bien hablar de vinos es como hablar de la vida y el criterio de que es lo mejor tiene mucho de subjetivo y emocional, cada cual  disfruta según sus referencias culturales y sobre todo del  momento.

Llevo dándole vueltas hablando con amigos,  sobre cuál es la identidad del terruño y de cuánto tiene de importancia la intervención humana en el viñedo, podría poner como modelo los vinos de José Luis Mateo y seguramente no abría debate ya que lo que él consigue con sus elaboraciones  en Monterrei, no lo logra nadie.

La idea  no es criticar a nadie, sólo faltaba, es simplemente que haya diálogo y despejar algunas cuestiones sobre la identidad. Nos situamos en la región histórica del Ribeiro, es obvio que cada finca es un mundo tanto por  condiciones de suelo, clima y filosofía del viticultor.

Por  ejemplo los  indiscutibles vinos blancos de Luis Anxo Rodríguez y el  gran Issué  2009 del viticultor de estilo libre Bernardo Estévez, siguiendo por lo que se está proyectando en Rioboó  en la bodega de Iago Garrido, son creaciones que no tienen similitud con nada de lo que se haya elaborado antes, labriegos que escapan de hacer vinos homologados que seguramente hasta el catador más experimentado le sería difícil situarlos como vinos blancos del Ribeiro,  por eso hago esta reflexión.

Estas interpretaciones ponen en duda la desgastada frase de “este vino es el reflejo de  mi finca”, demostrando que el término de la identidad puede ser algo confuso y demuestra  que cada identidad tiene mucho de subjetivo ó  de reconstruido  quizás  para vender  un presente.
Rioboó finca Augalevada

En los prolongados encuentros con  Bernardo y Iago sobre  sus vinos, todas sus explicaciones se sostienen en el viñedo, en la forma de trabajar y de interpretar su lugar, el clima y la lentitud, siempre poniendo el acento en la palabra principio. Mucho no aclara mi reflexión, quizás esta histórica comarca aún esté en un comienzo de mostrar su diversidad y sobre todo el gran potencial que se oculta entre sus viñedos, paisajes, ríos y gentes.
Daniel Marín.

domingo, 3 de abril de 2016

Sólo palabras

Qué me quieren decir…cuando en la etiqueta señalan las desgastadas palabras de selección de la familia, reserva seleccionada, pago seleccionado, vendimia seleccionada, cuvée especial, autor, añada especial o single vineyard.


Son menciones que no dicen nada  y que se han establecido como una especie de sello de calidad  superior que en la mayoría de los casos no se aproxima a su contenido.

Es como si se tratara de distraer aún más a un consumidor que cada vez está más alejado de la realidad del vino. Deberíamos hacer que el vino sea la grandeza de lo cotidiano, ya que representa emociones fugaces que sobrepasan el contenido de una botella, que nos hace viajar a territorios imaginarios,  palpar el esfuerzo e ilusiones de sus creadores, nos une y  lo más importante nos da placer.

jueves, 3 de marzo de 2016

Tinto Carlón

 El conquistador Español: Tinto Carlón.

Tu nombre me recuerda a vino, “Benicarló”  es  un pequeño pueblo situado en  la costa norte de la comunidad Valenciana perteneciente a la provincia de Castellón,  donde por antaño se elaboraba  el célebre vino de uvas Garnacha   “Tinto Carlón”   donde en países como Argentina se convierto en el emblema vinícola  Español.

Sus cifras hablan por sí  mismo  en el año 1890  se llego a exportar en Europa y América 17 millones de litros por año, pero su historia  como  uno de los vinos Españoles más internacionales comienza  en el siglo XVI cuando en todas las colonias de  América latina se había  prohibido el cultivo de la vid,  desde España se abastecía  con vinos de Rioja a la sociedad más rica e influyente y para las clases más humildes, el vino de Benicarló.


Tinto Carlón era un  vino de alta concentración de alcohol sobre 16%  grados,  su intensidad hacía que los consumidores al beberlo lo suavizaran  con unos cubitos de hielo, soda o agua, para hacerlo más placentero, se comercializó en Argentina durante 4 siglos,  disminuyendo su distribución en Sudamérica con la plaga de la filoxera en España sobre el año 1900.

Su  popularidad era tal que  no había tanguería  o  taberna Porteña que no tuviera una jarra de vino de Benicarló, pero lo fascinante de esta historia es de  como llegó a ser parte de la idiosincrasia  de países como Argentina,  tanto es así que bodegas de las regiones vinícolas de Mendoza y San Juan producían vinos  y los vendían con el nombre de  “ Tinto Carlón”, el sentir popular  por este estilo de vino era tal que aún en la actualidad bodegas de países como  México o Argentina siguen  comercializando de manera casi nostálgica el afamado vino  Tinto Carlón.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Muestra internacional de vinos de la biodiversidad

Vinos que florecen de tierras que han sobrevivido al  olvido, de  seres que parecen ir a contra corriente, porque creen en la transformación de su territorio, labriegos  que  escogen el camino de la lentitud observando  su lugar, creando vinos  que renacen de interpretaciones de otros tiempos.

Biodinámica, un comienzo sin fin, más que una palabra extraña, es  un retorno a las prácticas agrícolas  como lo hacían nuestros antepasados, es lo que se respiraba en la primera muestra internacional  de vinos de la biodiversidad que se celebró el pasado sábado en el ayuntamiento de Castrelo de Miño.




Vinos de gente que va despacio, con vinos que son un verdadero placer de lo auténtico como: Iago Garrido  con sus vinos de la reluciente  finca en  Rioboó,  dónde poco a poco va proyectando sus ilusiones. Adegas Xangall  de Begoña Troncoso Fernández, emocionante proyecto donde sus vinos hablan en la copa. La brigada de Betanzos  pisando fuerte con el magnífico vino  “Os 2 de sempre”. Los vinos de Nacho González “La Perdida”  que va superándose  año tras año.  Roberto Regal y las múltiples caras de la Ribeira Sacra. El trío de Cume do Avia que han conseguido unos vinos muy especiales.  “Torgo” carismático vino creado por Magdalena Paramés  y Javier  Barba  en el municipio pontevedrés de A Cañiza. De Tomiño  “Vimbio” su creador Martín un joven humilde comprometido y con muchas ganas de crecer.  Xurxo Alba, la cara amable de Rias Baixas, en una palabra  sublime. Javi y los insuperables vinos de fazenda Prádio. Quinta da Palmirinha con su vino verde 2013 fue la culminación de la tarde.

Pasamos una tarde espléndida con gente que tiene una relación  muy profunda  con la tierra y que con sus elaboraciones están cambiando el panorama vinícola gallego.

Perdón por no mencionar a todos los presentes.

Muchas gracias a Bernardo Estévez por la invitación.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Cume do Avia: Sueños

Cume do Avía, nombre que describe un entorno singular, la fuerza de la naturaleza, el sentir de lo familiar y sobre todo mucho orgullo de  ser trabajadores de la tierra.  Proyecto ideado en el año 2005 por los hermanos Alvaro y Diego, junto a su inseparable primo Fito, son jóvenes con mucha  valentía y  con un gran apego por todo lo que representa el rural gallego.

Fito, Álvaro y Diego

Y por qué  lo de hacer vino? le pregunté en un encuentro casual a Diego, él suspiro profundo y la cara le brilló, con un tono pausado me respondió: Un día quedamos en la viña y te transmitimos lo  que significa el vino para nosotros.


Después de unos meses nos encontramos en Cenlle, en sus fincas. Junto a ellas se encuentra la Aldea “Eira do Mouros”, un bello conjunto de casas en ruinas, donde nacieron y vivieron sus abuelos, y que ellos ahora están recuperando con mucho esfuerzo ya que tiene mucho que ver con lo que son como personas y sobre todo los representa.

No me hizo falta que Diego me  respondiera a la pregunta pendiente, al caminar por las ruinas de la aldea contemplando el viñedo, entendí lo que simboliza el vino para ellos  y que Fito, Álvaro y Diego son personas que logran captar la esencia de lo natural.



Eira do Mouros
Cume do Avia, es un sueño que se sustenta en 9 hectáreas de viñedo, repartidas en 6 parcelas alrededor de la Aldea Eira do Mouros, con una gran diversidad de variedades ancestrales, diferenciadas por las características de suelos y situación. 
El laboreo  se realiza de manera ecológica, siempre mirando al territorio como camino hacia la diferenciación e identidad de  pertenencia a un paisaje único.



La primera añada que comercializaron fue 2013 Cume do Avia blanco y tinto, catamos esta y la próxima que va a salir al mercado la añada 2014, además también de las micro producciones que son las primeras experiencias con barricas. Me gustó mucho todo lo que probé, sus vinos son personales, tienen fuerza, solidez, humildad y cariño.

En ellos hay muchas ganas de crecer junto a sus vinos. Hablamos horas de sus ilusiones y del esfuerzo que implica poder desarrollar Cume do Avia, que seguramente de no ser por todo el apoyo familiar que tienen no sería posible. Quizás aquel viaje de los tres en furgoneta  recorriendo toda Europa siendo ellos unos adolescentes, selló una amistad que hoy  les hace inseparables.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Trabajo, Tiempo y Pureza: Viña de Martin Os Pasás 2005

En Arnoia, donde el río que lleva su nombre, se encuentran montañas discontinuas de viñedos ancestrales, estrechas vías, casas bajas de piedra en el camino, cruceiros que sobresalen e ilustran esa mística  falaz de un territorio superior donde todo parece austero.


Luis Anxo Rodríguez, viticultor que parece  escuchar la voz del tiempo, con sus vinos la historia se transforma en presente. Para conectar con sus creaciones hay que mirar más allá de su persona, estamos antes un ser distinto que tiene una conexión muy profunda  con la raíz  de su lugar y lo revela a través de sus vinos.

En mi época de servidor de vinos en el restaurante Galileo, cuando  solía recomendar un vino de Luis Anxo, sobre todo los tintos, le decía al comensal que cada copa iba a ser un sorbo de clima, transportándonos al entorno gallego, imaginando que somos unos peregrinos caminando en otoño por el paisajes de Galicia, con sensaciones de frío, niebla, castañas, bosques, humo, lluvia, hasta la nostalgia de aldea.



Con mi amigo el buscador compartimos una botella de Viña de Martin Os Pasás 2005, no sé cómo se hizo con ella pero fue un gran desconcierto de placer, seguramente que si me tocase dibujar este vino en la sala de un restaurante, las únicas tres palabras que me saldrían del alma serían, trabajo, tiempo y pureza