
Son menciones que no dicen nada y que se han establecido como una especie de
sello de calidad superior que en la mayoría de los casos no se aproxima a su contenido.
Es como si se tratara de distraer aún más a un consumidor
que cada vez está más alejado de la realidad del vino. Deberíamos hacer que el vino sea la grandeza de lo cotidiano, ya que representa
emociones fugaces que sobrepasan el contenido
de una botella, que nos hace viajar a territorios imaginarios, palpar el esfuerzo e ilusiones de sus
creadores, nos une y lo más importante nos da placer.